11/03/2022
Si un día al atardecer la casualidad nos atrapara y nos volviera a encontrar, tú y yo en el mismo lugar, esta vez caminando sin miedos, mirando a las nubes pidiéndonos deseos truncados de mirarnos algún día a los ojos, esos que en algún momento nos hicimos brillar a través de la pantalla y a las nueve y media entre las estrellas nuestros pasos se cruzaran y nos halláramos frente a frente, viéndonos entre él asombro del momento, tú con esa sonrisa que cree y sabe que puede comerse al mundo, subiendo esa ceja como siempre que hace arrugar tu frente y yo con los nervios y mi expresión de “trágame tierra” disimulando tocando mi cabello y no saber si mirarte o seguir caminando, abriendo mi boca pero no emitiendo ningún sonido o alguna idea coherente por decir en ese momento. Si todo eso pasara y en un segundo te tuviera frente a mi, quizás diría que estaría preparada, seguro pensaría que todo perfecto haría como en mis momentos romantizados creados en mi cabeza antes de irme a dormir, y los repasaría al verte cruzar, que olvidaría mis nervios y me reiría simpáticamente, saltaría a tus brazos, me abrazarías alzándome girando por un momento donde nos quedaríamos mirándonos fijamente a los ojos sonriendo uno al otro, yo rompería el silencio y casi en secreto te diría “hola extraño” y me darías un beso devolviéndome al suelo y olvidándonos del resto. Pero me conozco y esto no resultaría de la misma manera en la realidad por más que lo haya imaginado y embellecido unas cuantas veces, a mi me comerían los nervios y pensaría que no me haz reconocido, que no te recuerdas de mi, tal vez parecido alguien familiar, así que yo intentaría disimular la expresión de mi cara, seguiría de largo con prisa antes que tú lo hicieras para pasar desapercibida y aliviar mi pena, pero iría segada y pronto chocaría con alguien o con algo, haría un gran ruido, caería de espalda y todos alrededor mirarían, alguien se acercaría para ayudarme a levantar y en el mejor caso que pudiese pasar en este escenario es que tú seas esa persona, que tomarías mi mano y yo fingiría reconocerte justo en el momento, pero tal vez no sea así y yo aún tirada en el suelo gire a ver si haz notado el desastre y tu solo haz seguido tu camino y yo me arrepentiría de no haberlo intentado de no haber saludado con un simple “hola”.
Pero para que esto pasara, para que alguna de estas imposibilidades tuviera lugar, deberíamos estar en el mismo país, en la misma ciudad, en el mismo lugar y a la misma hora caminando sin rumbo uno en dirección al otro y completamente solos, sin miedo de volver a coincidir esta vez de forma real.