30/01/2020
Si tuviese que describir 1917 en siete palabras, sería: cursi, sin creatividad y por momentos aburrida.
Me recordó a los gastados inicios de los juegos de guerra en Play, en donde mueves al personaje en las trincheras (justo antes de la batalla) y te ubicas en la trama con lo que escuchas de los NPC (estoy noventa y nueve por ciento seguro -como Dwight lo está de la existencia de los vampiros en The Office- que el guionista -que es también el director- tuvo la idea jugando al Call of Duty).
El monstruo de Iñárritu ya hizo esto en Birdman, para resolver los temas de las limitaciones del plano único, rellenaba los espacios entre acción y acción (los de movimiento) con jazz; con suma conchudez admitía el uso de la computadora, por eso no se equivocó grabando un solo día de la vida de Riggan Thomson (Michael Keaton) en Birdman, como el narrador necio que describe absolutamente todo, sino que ponchaba el cielo y hacía que pase la noche: así, esta película de 'una sola toma', abarca casi una semana. Esto es ser profesional. Pro gamer.
Tenemos un 1917 de una sola toma, de guerra, edulcorado de conversaciones tristes, sin veracidad, sin madurez, a la larga repetitiva o uniforme, que pone (raro, porque no lo merecen: es la compleja Primera Guerra Mundial) otra vez de antagonistas a los alemanes. No hay escenas de guerra, los arcos de acción son como peleas de película de detectives, en donde se ahorcan entre dos, se persiguen en escenarios hábilmente compuestos; en cada desafío el personaje central se involucra con malos tiradores, porque para salvarse cuando corre le basta con agachar la cabeza. No esperen ese roce florido, sangriento, de dos bandos en el mismo campo de batalla, con explosiones, lo que todos queremos de una sincera y cruel película de guerra, porque eso requiere de experiencia en el director. 1917 es el capricho (aunque ¿qué largometraje no lo es?) lujoso de un cineasta con inclinación al suspenso.
Entonces, ¿no es una película histórica? Tal vez en el trailer, porque no aclara nada del trasfondo que llevó a la guerra al Imperio Otomano, a Austria, a Bulgaria. Solo explica (con inocencia) que los alemanes son los enemigos furiosos (e invisibles).
1917 es para los amantes de Dunkerque, que celebran y defienden lo popular como si les pagaran, que adoran este suspenso inofensivo y tedioso en los últimos films bélicos, característica de las -malas- películas de terror (lejos de Soldado Ryan, Halcón negro). Hay caras conocidas, porque de repente aparece Robb Stark de Juego de Tronos.
Apago la computadora como símbolo de mi desprecio, la enciendo de inmediato porque tengo que trabajar.