26/12/2023
Periplo errante por las galerías de Arequipa
Walter Andres Cáceres Ugarte
En el insólito periplo errante por las escasas galerías, cafés galería y hasta callejones artísticos de Arequipa durante este año 2023, he sido más espectro que visitante, deslizándome de manera casi imperceptible entre lienzos e imágenes. Solo en casos excepcionales, he logrado materializarme lo suficiente como para alcanzar o recibir un saludo de amigos, colegas o estudiantes de este mundillo tan particular. Mis incursiones han sido más etéreas que reales, como si la Semiótica del arte del gran maestro Willard Díaz hubiera dejado su huella en mi esencia, volviéndome un ente que observa la alteridad artística desde las sombras del significado, la forma y mi íntima perspectiva.
Este año, las exposiciones han sido como una obra absurda de teatro, donde los artistas jóvenes con sus bifurcadas experiencias, buscan su lugar en el escenario, mientras las denominadas “vacas sagradas" – frase puntual de una emergente y genial artista – observan desde sus butacas de marfil el pretérito omnipresente de los aplausos de esta sociedad condescendiente a ciertas permanencias. Cada trazo es un susurro de esperanza, una súplica de reconocimiento en medio de un coro de críticas sarcásticas que resuenan en el aire como notas discordantes, en general de parte de los mismos compañeros de la pintura.
Las galerías convencionales se convierten en campos de batalla donde los jóvenes artistas, cual guerreros efímeros, luchan por un espacio en el panteón del arte local. Sus obras son como flechas lanzadas contra el muro de la tradición, con la esperanza de que alguna atraviese la armadura de la convencionalidad y se convierta en un grito de rebelión artística. Aunque, claro está, la mayoría de estas flechas parecen desviarse debido a la indiferencia, y necedad política de entren que el construye y grita la sociedad que somos.
En mi viaje cuasi fantasmal, oído de susurros mordaces y perniciosos; además de conversaciones con flamantes artistas, he experimentado la ironía de la búsqueda artística. En galerías, garajes galerías y cafés galerías, donde aún el aroma del café choca con la intensidad de las discusiones sobre el significado de las obras, he percibido la tensión entre la necesidad de innovación y el arraigo a las viejas fórmulas. Frases importantes como "no necesitamos amor, pero sí libertad", resuenan en el aire como mantras que buscan romper las cadenas de la tradición, aunque a veces parezca que estas cadenas están hechas de un inexorable titanio que doblega las fuerzas de la creatividad.
Los espacios de las artes visuales en Arequipa, acomodados en las calles, galerías y ferias en lugares poco convencionales, transformados en templos del arte, son oasis de caos creativo donde los nuevos artistas encuentran refugio. Sin embargo, estos lugares parecen estar escondidos en un rincón olvidado de la ciudad, como si el arte necesitara una contraseña secreta para acceder a estos territorios liberadores de espíritu.
En este crepitar de sombras y luces, he llegado a la conclusión de que el arte es más que una necesidad cultural, es una forma de resistencia. Resistencia contra las normas establecidas, contra la complacencia, y hasta contra las influencias que acontecen en la construcción del criterio personal.
En cada pincelada, en cada visita casi desapercibida, hay un anhelo compartido: la necesidad de más, más arte, más libertad, más desarrollo cultural. De una invitación urgente para un mejor porvenir social. Porque, al fin y al cabo, en este viaje espectral, el arte es la brújula que guía la búsqueda interminable de significado y expresión. Viva el arte, vivan mejor los artistas, vivan más los maestros.