‘La gran pelea’ (lamentable título para ‘Any Which Way You Can’) fue la respuesta de la Warner al fracaso de ‘Bronco Billy’, cuyas pocas posibilidades comerciales ya se conocían de antemano. Así pues, los ejecutivos presionaron a Clint Eastwood para que realizase la secuela del que hasta ese momento era su film más taquillero, ‘Duro de pelar’. Sabe Dios en qué estaba pensado Eastwood para acceder
sin ningún problema a rodarla, probablemente en el dinero, y en el hecho de así poder realizar después proyectos más personales. Para ello encargó la dirección a su colega y amigo Buddy Van Horn, jefe de especialistas de muchos films, y cuya filmografía como director consta de tres títulos, todos con Eastwood, y curiosamente de los peores del actor. Van Horn se limitó a realizar una secuela en toda regla, esto es, idéntico reparto (exceptuando a Beverly D´Angelo, que en un alarde de inteligencia no intervino), idéntica historia, idéntico humor, idénticas peleas, e idéntico orangután, aunque el simio encargado de dar vida a Clyde no era el mismo que en la anterior entrega, pues éste había engordado demasiado (sic). El argumento de ‘La gran pelea’ es mínimo. Philo Beddoe (Eastwood) está retirado de las peleas ilegales, hasta que la mafia organiza una en la que se verá obligado a participar por la cantidad ingente de dinero que hay en juego, y porque supondría el perfecto broche de oro a todas sus peleas. Evidentemente, la policía no le pondrá las cosas fáciles, ni la mítica banda de motoristas palurdos que se la tienen jurada a Beddoe. Menos mal que está Clyde para solucionar las cosas, y amenizar en la medida de lo posible la vida al sufrido espectador.