27/06/2026
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El 26 de junio de 1878 murió a los 18 años María de las Mercedes de Orleans y Borbón, reina consorte de España por ser esposa del rey Alfonso XII.
Hija de Antonio de Orleans, duque de Montpensier, hijo del rey de los franceses Luis Felipe I, y su esposa María Luisa, hermana de Isabel II de España, al ser restaurada en 1874 en España la monarquía de los Borbón en la figura de Alfonso, al nuevo rey se le plantearon tres retos: afianzar la dinastía, reconciliarla con sus enemigos y engordarla con herederos propios. La jugada del joven rey resultó maestra, una maniobra de marketing. Casándose con su pariente, contra viento y marea, humanizó su propia figura. Se casaba por amor, como el zapatero o el cuchillero, y no con cualquier prima, sino con una de 17 años, edad propicia para quedarse encinta con facilidad, que además era hija de su tía María Luisa de Borbón y Antonio de Orleans, duque de Montpensier, el mayor enemigo de su progenitora, Isabel II. Ese que tanto había movido para que fuese expulsada en 1868 y que se había postulado como su recambio de postín.
La chispa entre los dos surgió cuando se encontraron en el castillo galo de Randan las Navidades de 1872, en un intento de su abuela materna por reconciliar a los Borbón con los Orleans. La infanta Eulalia, hermana pequeña del rey, describió a la adolescente de 12 años como una muchacha con “los ojos oscuros y grandes, sombreados por lindísimas pestañas, el pelo negro como de pura andaluza y la piel mate, suave y delicadísima. Le hacían el prototipo de la garbosa española, a la vez llena de finura y aristocracia. Era una mujer altiva, llena de misteriosa sugerencia, dulce en el hablar meloso, que se había hecho al acento andaluz”.
Las crónicas de entonces dicen que era resultona, menuda y alegre. El entonces pretendiente a la corona le llegó a confesar a un compañero de estudios del Theresianum de Viena que “cuando la vi, me di cuenta de que la quería desde antes de haberla conocido. Desde el primer instante comprendí el porqué de mi existencia”.
No cabe duda de que al rey le gustaba María de las Mercedes, pero además, eligiéndola a ella, que la había visto en carne y hueso, se evitaba decidir esposa a través de un catálogo de retratos de princesas europeas que agrandaban virtudes y escondían defectos. Entre todas, destacaba la princesa Beatriz, la menor de las hijas de la reina Victoria de Reino Unido y emperatriz de la India, que años después se convirtió en suegra del rey Alfonso XIII, hijo póstumo de Alfonso XII.
La reina Isabel II montó en cólera al conocer que su amado Alfonso quería casarse con la hija de su hermana y del Duque de Montpensier, que tanto había instigado para destronarla. Sin embargo nada frenó al joven monarca español en su empeño. Ni la oposición de su madre, la reina Isabel II, que no quería que una hija del Duque de Montpensier, llegara a ser Reina de España, y que decía: “No tengo nada contra la infanta, pero Montpensier no transigiré nunca”, ni la oposición del Gobierno, que buscaba una princesa europea, consiguieron disuadir a Alfonso XII.
El asunto se debatió en las Cortes hasta que uno de los ministros salió en defensa de los enamorados diciendo: “La infanta doña Mercedes está fuera de toda discusión: los ángeles no se discuten”. La noticia de un matrimonio por amor tan inusual en aquella época en las cortes europeas encandiló a los españoles. La joven que por aquel entonces tenía sólo diecisiete años además de ser princesa, era española y guapa. Quizás por ello el pueblo de Madrid cariñosamente la apodó ‘Carita de cielo’.
Fue un enlace de grandes festejos, no en vano la pareja se casaba por amor y su historia, llena de romanticismo, enterneció a los españoles que gustaban de oír las historias de palacio. “Quieren hoy con más delirio/ a su Rey los españoles/ pues por amor va a casarse/ como se casan los pobres”, rezaba una coplilla de la época. El triste final de María de las Mercedes, que murió a los dieciocho años de edad, hizo más todavía que aquella real y verídica historia de amor permaneciera en el corazón de la calle.
En marzo de 1878 la reina sufrió un ab**to, después de un largo paseo a caballo, y posteriormente enfermó. Se recuperó en abril. El duque de Montpensier escribió a Alfonso XII desde Bolonia el 2 de abril:
“Venga ahora el sermón: después de este malparto, toda precaución ha de ser poca; hay que quemar las sillas de señora, los coches de jacas, los "breaks" duros, y al menos, indicar chaise-longue y descanso absoluto; perdona eso a un viejo abuelo que tiene también mucho empeño en serlo también por tu lado”.
María de las Mercedes empezó a presentar un paulatino cansancio a finales de mayo. Un parte médico del 18 de junio indicaba que podría tratarse de un nuevo embarazo. El 22 de junio empezó a padecer hemorragias. Falleció el 26 de junio. El parte del médico de cámara Tomás Corral y Oña, publicado en la Gaceta, decía que había mu**to de "fiebre gástrica nerviosa, acompañada de grandes hemorragias intestinales". En la actualidad se considera que murió de tifus.
A raíz de esta historia se popularizó una tonadilla que decía:
¿Dónde vas Alfonso XII?
¿Dónde vas triste de ti?
Voy en busca de Mercedes,
que ayer tarde no la vi.
Merceditas ya está mu**ta.
Mu**ta está que yo la vi.
Cuatro duques la llevaban
por las calles de Madrid.