Leonidas el Taita Subversivo

Leonidas el Taita Subversivo Documental en etapa de pos producción que relata la vida y el testimonio revolucionario-liberador de Monseñor Leonidas Proaño

Documental en etapa de pos producción que relata el testimonio revolucionario-liberador de Monseñor Leonidas Proaño

16/05/2026

⚠️A propósito🟠EL PODER🟠ORIGEN ROSTROS Y SOMBRAS (Primera temporada)
📍 Tema: DEL PODER CREADOR AL PODER POLÍTICO
🟠Del impulso humano a la organización social: de la creación a la autoridad

09/05/2026

⚠️A propósito🟠EL PODER🟠ORIGEN ROSTROS Y SOMBRAS (Primera temporada)
📍 Tema: ¿POR QUÉ EXISTE EL PODER?
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02/05/2026

⚠️A propósito🟠CIERRE DE LA SERIE🟠
📍 Tema: LA CORRUPCIÓN DE LAS EMOCIONES Y SU INFLUENCIA EN LA DEMOCRACIA

18/04/2026

⚠️A propósito🟠Los monstruos que surgen en la Democracia por la corrupción de la emoción del ASCO🟠

La democracia no solo se rompe con golpes... también con el desprecio.

📍 Tema:
Los monstruos que surgen en la Democracia por la corrupción de la emoción del ASCO

TUNGURAHUA: EL INDÍGENA QUE EL NEOLIBERALISMO SOÑÓAutor:  Atawallpa oviedo freireTungurahua pulveriza el mito del indíge...
22/12/2025

TUNGURAHUA: EL INDÍGENA QUE EL NEOLIBERALISMO SOÑÓ
Autor: Atawallpa oviedo freire

Tungurahua pulveriza el mito del indígena rebelde y contestario que surgió frente a la invasión monárquica española. Aquí el sistema logró lo que no consiguió ni la Corona española, ni la República criolla, ni las dictaduras del siglo XX: un indígena obediente, productivo, endeudado y políticamente dócil, listo para integrarse en el capitalismo como si hubiese sido diseñado para ello. El neoliberalismo puede dormir tranquilo: su criatura existe.
El crédito y el pequeño negocio sirvieron como bautismo neoliberal. Algunos salieron de la pobreza, pero no a través de la comunidad, sino rompiéndola. Se salvaron solos, y en ese acto aprendieron la primera lección del colonizador moderno: quien asciende individualmente, desprecia a quienes se quedan atrás. Entonces, la comunidad se vuelve un atraso, la cultura un estorbo, y la protesta indígena… una vergüenza que “pone en riesgo el progreso” (Luis Alfonso Chango).
Así nace la burguesía indígena que repite con fervor misionero el credo que antes combatía su pueblo: “mérito”, “orden”, “emprendimiento”. Y mientras más dinero acumulan, más se parecen a sus antiguos opresores. No es coincidencia: el sistema los adiestró para admirar al amo. Algunos ya ni necesitan hacendado: llevan uno en la cabeza.
La CONAIE pasa a ser “radical”; los paros, “sabotaje”; el Estado, un guardián de la propiedad privada. La identidad indígena queda reducida a folclor para turistas y a disfraz para festivales. Ancestralidad sin alma; cultura sin columna propia. El colonialismo siempre soñó con esto: indígenas coloridos, dóciles y funcionales.
Pero en las zonas donde el mercado sigue excluyendo sin piedad, la historia es otra. Allí la comunidad todavía respira, la conciencia política no se vende y la pobreza no se vive como culpa personal, sino como injusticia histórica. La meritocracia no prende porque la mentira se huele a kilómetros.
La verdad es brutal: no es la identidad indígena la que define la política, sino la manera en que el capital te usa. Si te integra individualmente, te neutraliza. Si te excluye, te politiza. Si te ve organizado, te teme.
Tungurahua no es traición: es radiografía. Es el retrato de cómo el sistema convierte a los humillados en vigilantes de su propia cárcel. Y de cómo algunos, al salir de la pobreza, no se liberan: solo cambian de amo y, también, deciden convertirse en uno, teniendo como sirvientes a indígenas pobres.
Imbabura, Chimborazo y Cotopaxi ya apuntan hacia la misma mutación: indígenas ansiosos por “triunfar”, aunque eso signifique reproducir el mismo patrón de dominación contra el cual lucharon sus abuelos. Querían libertad; terminaron queriendo poder.
La pregunta no es cuánto progresaron, sino cuánto se deformaron en el proceso. La naturaleza ya no es Pachamama: es “recurso”. El otro indígena ya no es hermano: es mano de obra barata. La comunidad ya no es casa: es un recuerdo que avergüenza (Telmo Punina).
Han internalizado al colonizador antiguo y al moderno. Y ahora, sin darse cuenta, son recolonizadores de su propio pueblo. El sueño húmedo del neoliberalismo: indígenas al mando de la máquina que destruye lo indígena.
El neoliberalismo no tuvo que exterminarlos. Le bastó la estrategia más perversa de todas: hacerlos desear lo que los destruye. Darles crédito, consumo, un negocio y la ilusión de que ahora “sí mandan”. A cambio recibió algo invaluable: su obediencia eficaz y feliz.
No arrasó con la comunidad: la volvió irrelevante. No prohibió la espiritualidad: la convirtió en decoración. No borró la identidad: la prostituyó en folclor. Una cultura no muere a golpes; muere cuando empieza a imitar al verdugo. Y eso es exactamente lo que está pasando.
El sistema prometió progreso, pero su victoria más grande fue otra: la captura del alma indígena, convertida en gerente de su propia devastación.
Ese es el triunfo final del colonialismo neoliberal: que el dominado se sienta ganador mientras reproduce la derrota para la gran mayoría, pues tan solo unos pocos alcanzan la cúspide de la pirámide, como sucede en todo el capitalismo mundial.









09/10/2025
30/08/2025

Poema CANCIÓN PARA EL PASTOR
A Monseñor Leonidas Proaño
Autor: Carlos Ortiz Arellano
Voz: Pepe Regato
Realización:
Música
1 canciones

Andina
Sabina Giavi
Rituals (Music for Movie)

Evangelio del DíaLectura del santo Evangelio según San Lucas Lucas 12, 13-21En aquel tiempo, hallándose Jesús en medio d...
03/08/2025

Evangelio del Día
Lectura del santo Evangelio según San Lucas
Lucas 12, 13-21
En aquel tiempo, hallándose Jesús en medio de una multitud, un hombre le dijo: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”. Pero Jesús le contestó: “Amigo, ¿quién me ha puesto como juez en la distribución de herencias?”
Y dirigiéndose a la multitud, dijo: “Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea”.
Después les propuso esta parábola: “Un hombre rico obtuvo una gran cosecha y se puso a pensar: ‘¿Qué haré, porque no tengo ya en dónde almacenar la cosecha? Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes para guardar ahí mi cosecha y todo lo que tengo. Entonces podré decirme: Ya tienes bienes acumulados para muchos años; descansa, come, bebe y date a la buena vida’. Pero Dios le dijo: ‘¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién serán todos tus bienes?’ Lo mismo le pasa al que amontona riquezas para sí mismo y no se hace rico de lo que vale ante Dios”.
📖 Reflexión sobre Lucas 12, 13-21
Este evangelio golpea directo a la lógica de un mundo que ha hecho del tener su religión principal. Jesús no evade la pregunta sobre la herencia, pero la desarma: no se mete a repartir bienes, sino que apunta al corazón del problema, la avaricia que envenena y distorsiona el sentido de la vida. Es como si nos dijera: “No te confundas, no vine a ordenar tus cuentas bancarias, vine a despertar tu conciencia”.
El rico de la parábola no es malo por cosechar, ni por tener graneros. El problema es que su horizonte termina en sí mismo. Todo su razonamiento gira en torno al “yo”: mis bienes, mi cosecha, mi descanso. En ningún momento aparece un “nosotros”. No hay comunidad, no hay justicia, no hay redistribución, no hay conciencia de que lo que tiene proviene de la tierra, del trabajo de otros y, en última instancia, de Dios. En la lógica del Reino, la verdadera riqueza no se mide por lo que acumulas, sino por lo que compartes y haces florecer en los demás.
Este texto denuncia un sistema que normaliza que unos pocos acumulen mientras muchos carecen de lo básico. El Evangelio no se queda en lo moral individual, sino que cuestiona la estructura que hace posible que el “granero” de unos crezca mientras la mesa de otros queda vacía. Jesús, no se alinea con el poder ni con las lógicas de mercado: nos invita a pensar en una economía centrada en las personas y no en el lucro, en una justicia que no se negocia y en un bien común que no es discurso sino práctica.
La advertencia final es un golpe de realidad: la muerte llega, y con ella, se desnudan todas nuestras falsas seguridades. Lo que no diste en vida, lo que no compartiste, ya no te pertenece. Por eso, la riqueza verdadera es la que invertimos en vínculos, en cuidado, en causas que defienden la vida. Todo lo demás es vanidad, diría el Eclesiastés: humo que se disipa.
🔥Para llevar a la acción
No se trata de vivir culpables por lo que tenemos, sino de preguntarnos si nuestros “graneros” —nuestras cuentas, nuestras propiedades, nuestro tiempo— están también abiertos a otros. Hoy podríamos comenzar por un gesto concreto: compartir algo que valoremos, ofrecer nuestro tiempo o nuestras capacidades a quien lo necesite, apoyar una causa que construya comunidad. Porque al final, lo único que realmente poseemos es lo que hemos entregado.💭🔥

📖 Reflexión sobre Lucas 11, 1-13Jesús no nos da una fórmula mágica cuando enseña a orar. Nos revela algo más profundo: q...
27/07/2025

📖 Reflexión sobre Lucas 11, 1-13

Jesús no nos da una fórmula mágica cuando enseña a orar. Nos revela algo más profundo: que orar es confiar, insistir, buscar, tocar puertas sin miedo ni vergüenza. En un mundo donde nos enseñan a no molestar, a no incomodar, a no pedir por miedo a ser rechazados, Jesús nos recuerda que la relación con Dios es de confianza radical, de cercanía cotidiana, como la que se tiene con un verdadero amigo. El Evangelio de hoy derriba la imagen de un Dios lejano o burocrático. No es un patrón, ni un juez severo, ni un gerente divino: es Abba, un padre-madre dispuesto a escuchar, a responder, a abrir puertas incluso cuando todo parece cerrado.

Pero esta confianza que Jesús nos enseña no es individualista. No se trata de buscar un refugio espiritual mientras el mundo se derrumba. La oración que Jesús nos propone es colectiva y transformadora: “danos”, “perdona nuestras deudas”, “venga tu Reino”. Es una oración que sueña con otro mundo, que anhela justicia, pan compartido, perdón mutuo, liberación del mal estructural. No es resignación, es rebeldía amorosa. Es una oración que nace desde abajo, desde los que no tienen qué ofrecerle al visitante de medianoche, pero igual se lanzan a tocar la puerta del vecino. Esta parábola nos enseña que orar también es confiar en la solidaridad, en la posibilidad de que otro se levante en la noche para compartir lo que tiene.

Esta oración tiene sabor a pueblo, a lucha cotidiana, a resistencia. Es una pedagogía del deseo justo, no del conformismo. Nos invita a pedir pan, pero también Espíritu: esa fuerza vital que impulsa a transformar la realidad, a organizarnos, a denunciar lo injusto, a abrazar a quienes han sido expulsados del banquete. Orar no es huir de la historia, es habitarla con esperanza activa.

Esta espiritualidad de la confianza no requiere mediaciones autoritarias ni rituales opresivos. Orar es también desobedecer al silencio impuesto por los poderes que prefieren súbditos sumisos antes que creyentes despiertos. La verdadera religión no es la obediencia al dogma, sino la práctica del amor racional, la búsqueda del bien común.

🔥Para llevar a la acción

¿A quién le tocarías la puerta esta noche, si no tuvieras nada para ofrecer? ¿Y quién te la tocaría a ti, sabiendo que no le cerrarías? Ora hoy con esas preguntas. Y luego actúa: escucha al que insiste, acoge al que busca, comparte el pan aunque sea poco. No te canses de tocar la puerta de Dios, pero tampoco de abrir la tuya al que necesita. La oración se vuelve verdadera cuando pasa del corazón a las manos, y del susurro al compromiso. Solo así el Reino se hace pan, perdón y justicia compartida.💭🔥

📖 Reflexión sobre Juan 6, 30-35Otra vez aparece la gente frente a Jesús, pero no pidiendo justicia, ni perdón, ni libert...
06/05/2025

📖 Reflexión sobre Juan 6, 30-35

Otra vez aparece la gente frente a Jesús, pero no pidiendo justicia, ni perdón, ni libertad. No. Le piden un milagrito para poder creer. Como si la fe se comprara con espectáculo. Le dicen: “A ver, haz algo que impresione. Nuestros antepasados comieron pan del cielo… ¿Y tú qué tienes para mostrar?”

Jesús, con esa sabiduría que incomoda, los baja del pedestal religioso. Les dice: “No fue Moisés quien les dio pan. Fue Dios. Y ahora, ese pan verdadero está aquí, delante de ustedes. No es un alimento que llena la barriga por un rato. Es uno que llena la vida entera.”

Y aquí está el punto más fuerte. Jesús se presenta como el pan de la vida. No dice que da pan. Dice que Él mismo es ese pan. Y no habla de un pan que se guarda en la alacena, sino de uno que da vida al mundo. Es decir, pan que transforma el modo de estar vivos. Pan que rompe las cadenas de lo de siempre.

Pero eso no encaja fácil en una lógica de consumo. Porque este pan no se puede comprar ni almacenar. No se reparte con privilegios ni se produce en masa. Este pan es presencia viva, y sólo lo prueba quien se arriesga a confiar, a amar, a soltar el miedo. Jesús lo deja claro: quien viene a mí no pasará hambre, quien cree en mí no tendrá sed. No está hablando de panadería ni de agua mineral. Está hablando del hambre de sentido, de justicia, de comunión, de humanidad. Ese vacío que ni todo el oro ni todos los dogmas logran llenar.

En este relato hay una crítica fuerte, directa, sin maquillaje: cuando nos aferramos a estructuras, ritos o nombres del pasado como si fueran garantía de fe, terminamos como aquella multitud: exigiendo pruebas al Dios que ya está actuando. Queremos pan que no duela, milagros que no comprometan, fe que no cuestione.

Pero Jesús se ofrece como pan que duele, sí, porque transforma. Pan que compromete porque exige que dejemos de pensar en salvarnos solos. Pan que quiebra nuestras certezas cómodas y nos lanza a amar sin medida. Es pan compartido, no acumulado. Pan que no se retiene en el altar ni se vende en cajas de lujo: se parte en la vida real, en la calle, en la lucha, en el abrazo.

🔥Cuando decimos “danos siempre de ese pan”, estamos pidiendo más que un consuelo espiritual: estamos diciendo “haznos parte de tu cuerpo, de tu obra, de tu amor encarnado”. Y eso, aunque suene hermoso, también es una bomba. Porque nos obliga a dejar de ser consumidores de lo sagrado para convertirnos en artesanos del Reino, donde cada uno debe hacerse pan para los demás.

¿Qué parte de tu vida estás dispuesto hoy a partir y compartir para convertirte tú también en pan que da vida a otros?💭🔥
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