01/08/2026
A veces creemos que los momentos más difíciles son el final de la historia, cuando en realidad son el comienzo de la persona que estamos destinados a ser.
La vida tiene una forma curiosa de romper nuestros planes para entregarnos algo mucho mejor. Yo siempre soñé con un caballo especial, con ese compañero que parecía existir solo en noches de sobre pensar. Y entonces llegó Búho del Sinaí desde 7 horas llano dentro.
No es solo un caballo. Es un recordatorio de que la paciencia tiene recompensa, de que los sueños sí encuentran el camino cuando uno no deja de creer. Cada vez que lo veo, cada vez que lo ensillo, siento que la vida me está diciendo, valió la pena resistir.
Hay una frase que me acompaña siempre: “Si tienes miedo, ensilla de todos modos.” Porque el valor no es la ausencia de miedo, sino la decisión de avanzar a pesar de él.
Los animales tienen una capacidad única de sanar partes de nosotros que ni siquiera sabíamos que estaban heridas. Traen paz, prosperidad y una conexión tan profunda que es difícil ponerla en palabras. En Búho encuentro un reflejo de mí mismo, resiliencia, nobleza, fuerza y la capacidad de seguir adelante incluso después de las tormentas. Tal vez él nunca sepa todo lo que representa para mí, pero yo sí sé todo lo que ha despertado en mi corazón.
Hoy entiendo que la vida no siempre nos da lo que pedimos cuando lo pedimos. Nos prepara primero para poder recibirlo.
Y por eso, aunque a veces todo parezca ponerse patas arriba, sigo creyendo que la vida nos cuida, nos protege y nos conduce exactamente al lugar donde debemos estar.
Gracias, Búho del Sinaí, por recordarme que Dios obra de formas misteriosas.
Gracias Club San Felipe Daniel Felipe Mendez Angie Mendez Diana Ochoa por hacer esto posible.