28/04/2026
El valor de lo perdurable
Recuerdo una tarde, quizá de invierno, y un documental que no olvidaré sobre la vida y la obra del músico y cantautor Alfredo Zitarrosa, “Ausencia de mí”. No éramos muchos en la sala, pero la admiración del público por el protagonista se sentía en el aire como algo casi tangible.
Me pregunté muchas veces dónde radica el éxito del único cine del centro que pudo salvarse de convertirse en playa de estacionamiento. De todas las respuestas posibles, me quedo con un fragmento de “La canción de las simples cosas”: uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida y entonces comprende cómo están ausentes las cosas queridas.
Los que con asiduidad asistimos a El Cairo amamos sus butacas rojas, su fachada que de solo verla, con las luces encendidas, nos da esa felicidad de faro, de puerto seguro. Hay rosarinas y rosarinos que se tatúan el edificio en la piel, espejando en la tinta el valor de lo perdurable.
¿Acaso alguien en esta sala está libre de ausencias?
Aquella tarde derramé las propias: gotitas saladas que, al escurrir por mi rostro, exaltaron aún más el color de la butaca.
Al finalizar la proyección, pasé por el baño para lavarme la cara y recuperar la compostura. Pero ante el espejo advertí que mi reflejo no era el mismo que al entrar: por más agua que hiciera correr sobre los ojos de pupilas aún dilatadas, mi rostro era otro. El paso por el cine, una vez más, me había transformado.
Texto / Leandro Pinillos
Ilustración / Matias Buscatus