27/04/2026
- Aristarain...
Adolfo Aristarain era uno de nuestros imprescindibles; mejor dicho, uno de nuestros grandes imprescindibles.
Este Director (con mayúscula, sí), autor y productor de algunas de las más grandes películas que se hicieron por estas tierras, nos dejó hoy, completando una semana tristísima para el cine argentino —y para la cultura argentina en general— que comenzó con la pérdida de Luis Brandoni y siguió con la de Luis Puenzo. Uno pone esos nombres uno al lado del otro y parece mentira que se hayan ido uno tras otro. Estamos hablando de uno de los mejores actores de nuestra historia, del director que nos dio el primer Premio Oscar y del director que fue un maestro en eso de traer a nuestro cine algo de los modos de la narrativa de los maestros del cine norteamericano, combinándolos con temas sociales argentinos.
Su filmografía como director arranca con el clásico "La parte del león" (1978) y termina con la bella "Roma" (2004), película con muchos tintes autobiográficos. En el medio, tenemos joyas únicas como "Tiempo de revancha" (1982), "Martín (Hache)" (1997), "Un lugar en el mundo" (1992) y (para quien esto escribe) su punto más alto "Últimos días de la víctima" (1982).
Con "Un lugar en el mundo" y "Lugares comunes" ganó los Premios Goya y el Festival de San Sebastián.
Aristarain intentó realizar un último proyecto que era, sencillamente, hermoso. Sin embargo, se topó con un presupuesto prohibitivo —cerca de 10 o 12 millones de dólares— para concretar una película sobre Astor Piazzolla, a quien definía como "el único genio auténtico que dio este país". Para el director, el músico era alguien sin sucesores posibles: "Cualquiera que intente seguir su camino termina imitándolo, y él es inimitable. Es imposible; Piazzolla es como Bach", afirmaba con convicción.
Para esta producción, logró obtener los derechos de "Astor" (1986), la obra de su hija Diana Piazzolla, quien mantuvo un largo distanciamiento con su padre debido a sus diferencias ideológicas. "Lo que más me cautivaba de la trama era ese vínculo entre padre e hija. Cuando Astor acepta cenar con Jorge Rafael Videla en la Casa Rosada, Diana le corta el habla y decide exiliarse en México. Pasan cuatro años hasta que él viaja a dar un concierto en un teatro mexicano...", relataba el cineasta.
Aquel reencuentro selló la reconciliación. El proceso de creación del libro —una idea que el propio Piazzolla le sugirió a su hija—, sumado a las presentaciones del músico con su quinteto, constituía el eje central de una película que Aristarain calificaba de "maravillosa" pero que, en sus propias palabras, resultaba "financieramente inabordable". Vaya belleza que nos perdimos...
Como decíamos al comienzo, amigos, se nos fue un grande en una semana donde perdimos a otros dos grandes.
Aristarain entró en un panteón reservado para muy pocos y, por más que no filmaba hace muchos años, se lo va a extrañar.