06/03/2026
Cuba atraviesa el peor momento de su Historia, un derrumbe de todas las ilusiones, expectativas, deseos. Nada de lo que fue ya es, ni será, por mucho que algunos pretendan clonar, reproducir el pasado como si su evocación pudiera salvarnos de la debacle social, económica y moral que nos acompaña.
Como si no fuese suficiente con la hostilidad que nos rodea, observamos la renovada articulación de políticas de censura y exclusión hacia todos aquellos que disienten, rechazan o cuestionan el estado actual de las cosas. El mensaje que envían las autoridades es claro: te quiero dócil, sumiso. En el fondo se busca anular al individuo, ya bastante confundido y agobiado con lo que sucede a su alrededor y no puede controlar.
Es así que las preguntas se vuelven incómodas, el pensamiento crítico es perseguido y dudar se asocia con debilidad. En un mundo donde se legítima el matonismo y la ley del más fuerte cualquier disidencia tendrá que ser castigada.
En los últimos años han aumentado en nuestro país las detenciones y encausamientos judiciales a personas que emiten su criterio en redes sociales o espacios públicos. Se intenta callar una voz para que no se escuche su dolor.
Como cineastas y artistas hemos sufrido múltiples veces linchamientos, persecuciones, exclusiones. La propia Asamblea y varios de sus miembros pueden dar fe de ello. No es sólo pasado, es una acción en presente continuado. Obras y autores han sido censurados, silenciados, apartados de la Historia oficial de nuestra cultura y de nada vale que algunos de esos nombres hayan sido restituidos con el paso del tiempo, si en la actualidad se siguen reproduciendo similares acciones sobre otras voces y cuerpos.
Recientemente, Abel Tablada profesor titular de la facultad de arquitectura de la CUJAE fue separado de su puesto de trabajo. Bajo el pretexto de un cese de contrato, se aparta a una prestigiosa figura de su entorno natural. Semanas atrás se operó una acción similar contra Roberto Viña , académico que impartía cursos de dramaturgia en la Escuela Nacional de Arte . En otro ámbito el espacio teatral El Ciervo Encantado tiene que cerrar sus puertas y romper con las instituciones culturales luego de enfrentar por varios años todo tipo de cuestionamientos y presiones sobre el contenido de sus obras.
Académicos, cineastas, dramaturgos, compañías teatrales, proyectos culturales como la Fábrica de Arte Cubano, han recibido en meses recientes amenazas por sus declaraciones públicas o propuestas artísticas. No es nuevo, es costumbre y lo es precisamente porque el sistema necesita tener un control sobre el pensamiento de los ciudadanos y artistas especialmente si estos deciden exponer aspectos de nuestra convulsa realidad.
Abel, Roberto y muchos otros que a lo largo del tiempo han sido sancionados, separados de sus claustros o amenazados son intelectuales y actúan como tales. Tienen una proyección y responsabilidad profesional pero también pública y la ejercen con todo su derecho y respeto, sin embargo, la coherencia, la ética no está de moda. Al parecer tales atributos no son aceptados por las estructuras partidistas y docentes que controlan nuestras universidades.
Más allá de la responsabilidad directa que esos directivos pueden tener en la perversa decisión, sabemos que se trata de un mandato superior, una deformación sistémica percibida y aplicada muchas veces a lo largo de los años.
Al ciudadano se le pide confiar, delegar, participar, suscribir, nunca impugnar. Es una dinámica formativa incrustada en muchos de nuestros centros educativos. Se promueve la fidelidad a un modelo, una ideología , una sola forma de pensar dictada desde los centros del poder partidista. Se ha manipulado la Historia, obviado eventos, reinterpretado fenómenos y conflictos en beneficio de la propaganda y la llamada verdad revolucionaria. Una paradoja semántica que anula el sentido del gesto que un día de 1959 se hizo realidad.
Desde la Asamblea de Cineastas Cubanos rechazamos cualquier articulación que pretenda silenciar las voces de los ciudadanos. Hay ya demasiado dolor en este pueblo, demasiadas deudas y promesas incumplidas. Como figuras de la cultura sabemos del enorme daño moral y espiritual que se le hace a la nación cuando las autoridades prefieren ser fieles a un dogma y no a las dinámicas de la vida.
No se hace justicia, ni bien, anulando el derecho de los ciudadanos y especialmente de nuestros jóvenes estudiantes a disentir, opinar, expresar y argumentar las ideas en los espacios que consideren necesarios.
Cada vez que nuestras autoridades intentan apagar una voz reproducen lo mismo que un día a finales de los 50, quisieron eliminar. Legitiman la inmoralidad , destruyen los cuerpos, renuncian a la emancipación, apagan toda ilusión de libertad. Cuando se le teme a las palabras, no hay valor, ni ética, ni principios capaces de sostener una nación.
Grupo de Representantes de la ACC