Óscar Estrada

Óscar Estrada Guionista y escritor. Estudió en la EICTV de la Habana, Cuba. Hondureño, es Editor de casasolaeditores.com. Su último libro "Tierra de narcos".

Fundó y dirigió de elpulso.hn Productor de radio novelas y documentales.

07/16/2026

Los conflictos por la tierra han acompañado la historia de Honduras durante décadas. Sin embargo, el caso de la comunidad garífuna de San Juan plantea un desafío que trasciende la disputa territorial. Obliga a preguntarse cómo debe actuar un Estado cuando una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos coincide —o entra en tensión— con las decisiones de sus propios tribunales.

El reciente desalojo, las protestas y el proceso judicial contra miembros de la comunidad han reabierto un debate sobre el alcance de las obligaciones internacionales que Honduras asumió al reconocer la jurisdicción de la Corte IDH. ¿Qué significa realmente cumplir una sentencia internacional? ¿Hasta dónde llegan esas obligaciones? ¿Y cómo deben armonizarse con el derecho interno?

07/16/2026

Los conflictos por la tierra han acompañado la historia de Honduras durante décadas. Sin embargo, el caso de la comunidad garífuna de San Juan plantea un desafío que trasciende la disputa territorial. Obliga a preguntarse cómo debe actuar un Estado cuando una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos coincide —o entra en tensión— con las decisiones de sus propios tribunales.

El reciente desalojo, las protestas y el proceso judicial contra miembros de la comunidad han reabierto un debate sobre el alcance de las obligaciones internacionales que Honduras asumió al reconocer la jurisdicción de la Corte IDH. ¿Qué significa realmente cumplir una sentencia internacional? ¿Hasta dónde llegan esas obligaciones? ¿Y cómo deben armonizarse con el derecho interno?

En +conscientes analizaremos uno de los debates jurídicos e institucionales más importantes que enfrenta hoy el país. Nos acompañará el abogado Kenneth Madrid para examinar el contenido de la sentencia, sus implicaciones y los desafíos que plantea para el Estado hondureño.

📅 Jueves, 16 de julio
⏰ 7:30 A.M.
🎙️ +Conscientes con Óscar Estrada

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07/03/2026

El Corredor Seco ya no es únicamente una región afectada por la sequía. Es el primer territorio donde comienza a hacerse visible la forma en que el cambio climático está transformando la economía, la migración y el futuro de Honduras.

El país donde dejó de llover

Hace cincuenta años, Honduras era un país muy distinto. La principal discusión nacional giraba alrededor de la tierra, l...
07/01/2026

Hace cincuenta años, Honduras era un país muy distinto. La principal discusión nacional giraba alrededor de la tierra, la reforma agraria y el papel del Estado en el desarrollo. Poco después, el país comenzó a recorrer un camino completamente diferente.

¿Fue 1975 el año en que Honduras cambió de rumbo?

En esta edición de +Conscientes, converso con el historiador, periodista y escritor Juan Ramón Martínez sobre la masacre de Los Horcones, el colapso del proyecto reformista, el Banana Gate, la transición hacia la democracia y la transformación de las élites políticas que marcaron el país durante las siguientes décadas.

Más que reconstruir una masacre, este programa intenta responder una pregunta mayor: ¿cómo nació la Honduras en la que vivimos hoy?

▶️ Programa completo:

✨📺 Más Conscientes llega para abrir el debate que Honduras necesita...

Las transformaciones políticas no siempre comienzan con una elección. A veces comienzan mucho antes, cuando cambian las ...
07/01/2026

Las transformaciones políticas no siempre comienzan con una elección. A veces comienzan mucho antes, cuando cambian las alianzas, los discursos y la manera en que las élites entienden el poder.

En +Conscientes, Juan Ramón Martínez plantea una hipótesis provocadora: la transición de la familia Zelaya desde el Partido Nacional hacia el liberalismo ayudó a construir el relato político que años después daría origen al liderazgo de Manuel Zelaya.

Una interpretación histórica que conecta Los Horcones, la transición democrática y el origen de uno de los proyectos políticos más influyentes de las últimas décadas.

La transición democrática de los años ochenta suele presentarse como el momento en que Honduras dejó atrás el autoritari...
07/01/2026

La transición democrática de los años ochenta suele presentarse como el momento en que Honduras dejó atrás el autoritarismo militar. Juan Ramón Martínez propone una lectura más compleja: el regreso de los gobiernos civiles no significó necesariamente el fin del poder de los militares ni de las viejas estructuras que habían dominado el país.

En +Conscientes conversamos sobre el momento en que Honduras pasó del proyecto reformista a la democracia tutelada y sobre las tensiones que marcaron el inicio de una nueva etapa de nuestra historia política. En medio de toda esa transformación, estaban Los Horcones.

La masacre de Los Horcones (1975) no surgió de la nada. Ocurrió en un país que atravesaba una profunda disputa alrededor...
07/01/2026

La masacre de Los Horcones (1975) no surgió de la nada. Ocurrió en un país que atravesaba una profunda disputa alrededor de la reforma agraria y en un momento en que el proyecto reformista impulsado por el gobierno de Oswaldo López Arellano comenzaba a desmoronarse tras el Banana Gate.

En +Conscientes, Juan Ramón Martínez plantea que comprender Los Horcones exige mirar mucho más allá del crimen y entender el contexto político que hizo posible aquel desenlace.

Una conversación para reconstruir el momento en que Honduras comenzó a cambiar.

¿Y si Los Horcones no hubiera sido solamente una masacre, sino el momento en que Honduras comenzó a abandonar un proyect...
07/01/2026

¿Y si Los Horcones no hubiera sido solamente una masacre, sino el momento en que Honduras comenzó a abandonar un proyecto de país?

Hace cincuenta años, Honduras discutía la reforma agraria, la tierra y el desarrollo. A partir de la conversación con el historiador Juan Ramón Martínez, este artículo reconstruye cómo 1975 marcó el agotamiento del proyecto reformista, la transformación de las élites políticas y el inicio de una Honduras muy distinta a la que existía entonces.

Comparto el artículo:

Cuando los hondureños recuerdan 1975, casi siempre piensan en la masacre de Los Horcones y Santa Clara. El as*****to de campesinos, sacerdotes y dirigentes sociales terminó convirtiéndose en uno de los episodios más conocidos de la violencia política nacional. Sin embargo, reducir aquel año a ...

Diecisiete años después del golpe de Estado, Julieta Castellanos plantea una reflexión que va mucho más allá de 2009. El...
07/01/2026

Diecisiete años después del golpe de Estado, Julieta Castellanos plantea una reflexión que va mucho más allá de 2009. El problema no es únicamente lo que ocurrió aquel 28 de junio, sino la dificultad de Honduras para construir una democracia capaz de cumplir las expectativas que despertó el retorno al orden constitucional. Esa distancia entre el pasado que persiste y el futuro que sigue pendiente atraviesa buena parte de nuestra historia reciente.

Una de las ideas más poderosas de la conversación de hoy en +Conscientes.

✨📺 Más Conscientes llega para abrir el debate que Honduras necesita...

El cambio más importante después del golpe no ocurrió en el poder, ocurrió en los ciudadanosDiecisiete años después del ...
07/01/2026

El cambio más importante después del golpe no ocurrió en el poder, ocurrió en los ciudadanos

Diecisiete años después del golpe de Estado, Honduras ha cambiado casi todo lo que parecía inamovible. El bipartidismo dejó de dominar completamente la vida política. Un expresidente fue extraditado a Estados Unidos. El partido que nació de la resistencia al golpe llegó al gobierno y posteriormente fue derrotado en las urnas. El Partido Nacional perdió el poder después de doce años y regresó pocos años más tarde. Ninguno de esos acontecimientos parecía imaginable aquella mañana del 28 de junio de 2009.

Sin embargo, detrás de esa sucesión de hechos existe una paradoja que ayuda a entender mejor el país que dejó aquel período. Las élites políticas cambiaron mucho menos de lo que cambiaron los ciudadanos.
Esa fue, quizá, la conclusión más interesante que dejó la conversación con la socióloga y ex rectora de la UNAH, Julieta Castellanos, en el programa +conscientes del 30 de noviembre.

Aunque el programa comenzó con una revisión histórica del golpe de Estado, terminó convirtiéndose en una reflexión sobre algo mucho más profundo: la dificultad de la clase política hondureña para comprender que el país al que intenta gobernar ya no se comporta como hace dos décadas.

Durante la entrevista, Castellanos insistió en que la crisis de 2009 no apareció de manera espontánea. Recordó que el sistema político ya venía mostrando señales de agotamiento desde los años ochenta, cuando comenzaron las primeras disputas por la continuidad presidencial, la manipulación de las reglas constitucionales y la pérdida gradual de la capacidad de construir acuerdos entre las principales fuerzas políticas. En su lectura, el golpe fue la ruptura más visible de un deterioro que llevaba años desarrollándose.
Pero si el origen de la crisis venía de atrás, lo verdaderamente llamativo ocurrió después.

En estos diecisiete años cambiaron los gobiernos, pero muchas de las formas de ejercer el poder permanecieron sorprendentemente parecidas.

El Partido Nacional construyó uno de los períodos de mayor concentración institucional desde el retorno al orden constitucional. Libre llegó prometiendo desmontar ese modelo y terminó, según la propia Castellanos, reproduciendo una lógica similar de patrimonialización del Estado, concentración de decisiones y utilización del aparato público como extensión del proyecto político gobernante. Antes, Manuel Zelaya había concebido el Estado desde relaciones profundamente personalistas que la exrectora vinculó incluso con una tradición política anterior a 2009.

Los nombres cambiaron, las justificaciones también, pero la relación entre poder e instituciones mostró muchas más continuidades que rupturas. Algo parecido ocurrió con los partidos políticos.

El Partido Liberal nunca consiguió reconstruir la posición dominante que perdió después de la crisis de 2009. El Partido Nacional terminó pagando el costo político de la concentración de poder que construyó durante más de una década. Libre, que nació precisamente denunciando esas prácticas, terminó enfrentando críticas muy similares una vez instalado en el gobierno. Cada uno llegó ofreciendo una manera distinta de hacer política. Ninguno logró romper completamente con las inercias del sistema que decía combatir.

Hasta ahí podría concluirse que muy poco cambió en Honduras.
Sin embargo, esa conclusión sería incompleta. Porque hubo un actor que sí cambió profundamente: la ciudadanía.

Durante buena parte del siglo XX, la política hondureña descansó sobre una idea relativamente estable: las identidades partidarias sobrevivían a los gobiernos. Ser liberal o nacionalista era, muchas veces, una condición heredada. Las derrotas electorales existían, pero el voto duro ofrecía a los partidos una base suficientemente sólida para pensar el poder como una disputa permanente entre las mismas organizaciones.
Ese país comenzó a desaparecer después de 2009.

Julieta Castellanos recordó durante la entrevista que hoy ningún partido puede sentirse propietario del poder porque el votante dejó de responder a aquellas lealtades históricas. El ciudadano castiga, cambia de opción y distribuye su voto con mucha mayor libertad que hace apenas dos décadas. La alternancia dejó de ser una excepción para convertirse en una posibilidad constante.

Esa transformación ayuda a explicar buena parte de la historia reciente. Explica por qué Libre pudo crecer hasta llegar al gobierno. Explica por qué el Partido Nacional perdió el poder después de doce años. Explica también por qué Libre fue incapaz de consolidarse como fuerza dominante. Ninguno de esos procesos puede entenderse únicamente observando a los partidos. Es necesario observar también a los electores.

Paradójicamente, quienes parecieron aprender más rápido de las crisis políticas fueron los ciudadanos. Quienes mostraron mayores dificultades para hacerlo fueron las organizaciones encargadas de representarlos.

Quizá allí se encuentra el verdadero balance de estos diecisiete años.

El golpe de Estado de 2009 modificó profundamente el sistema político hondureño, pero no produjo la transformación que muchos esperaban. Las instituciones conservaron buena parte de sus debilidades, las élites continuaron reproduciendo prácticas que habían prometido superar y los partidos siguieron compitiendo con una lógica construida para un país que ya no existe.

La transformación más silenciosa ocurrió fuera de las sedes partidarias y de los edificios públicos. Ocurrió en la forma en que los hondureños comenzaron a relacionarse con el poder. El ciudadano dejó de asumir que los gobiernos eran permanentes y descubrió que también podía retirarlos. Desde entonces, cada elección se ha convertido menos en una disputa entre partidos y más en un examen sobre la capacidad de quienes gobiernan para conservar la confianza de una sociedad mucho menos dispuesta a otorgar lealtades incondicionales que hace diecisiete años.

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