El término crowdfunding referido al financiamiento colectivo, fue acuñado en el año 2006, por Michael Sullivan, de “Fundavlog”. De manera puntual, la construcción de La Estatua de la Libertad es un ejemplo de financiamiento colectivo o micromecenazgo, donde cada donante recibía una réplica en miniatura de lo que sería la estatua una vez puesta en su lugar. Cuando el proyecto estaba a punto de f
inalizar, los promotores se quedaron sin fondos para terminar: faltaba el pedestal. El comité Americano para la Estatua de la Libertad se puso en contacto con el editor Joseph Pulitzer y éste convocó a los lectores estadounidenses a donar dinero para terminar la estatua, y en menos de seis meses recaudaron más de 100.000 dólares, gracias a aportaciones de 125.000 personas; la inmensa mayoría de las aportaciones fueron de menos de 1 dólar. Todo esto en el año 1884. El financiamiento colectivo no solo provee recursos a los emprendedores, sino también sacia este apetito actual de consumir futuro, de ser parte del diseño, del desarrollo, de tener una historia que contar. Esto último enriquece mucho más a esta modalidad de financiamiento naciente, pues no sólo rige el criterio del mitigar los riesgos de obtener el retorno del dinero en los plazos razonables, sino que el aportante en las distintas modalidades de crowdfunding sabe que posiblemente pueda no tener retorno a su inversión o aporte. Sin embargo, al mismo tiempo, hay una satisfacción mayor de conformar esta pequeña legión de pioneros que apostaron por una idea que, si es de éxito, podría superar largamente la expectativa de ganancia del inversor. Por el lado del emprendedor que presenta su iniciativa a esta modalidad de obtener recursos, éste obtiene algo mas: el haber puesto su idea al escrutinio del mercado. El resultado es binario, o se obtuvo los recursos en el plazo definido o no se obtuvo. De no obtenerse, se habrá obtenido una valiosa lección, aportes de los interesados y la experiencia necesaria para volver a intentarlo ya de una manera corregida, siempre y cuando se tenga la suficiente humildad para modificar la idea inicial con las reacciones del mercado. Los emprendimientos tienen hoy , además del círculo más cercano (las conocidas tres Fs – Friends, Family and Fools, término último sustituido por Fans), la posibilidad de presentar su proyecto a los demás, entendiéndose por los demás, al colectivo. Para ello el emprendedor tiene la posibilidad de utilizar redes sociales en la internet, las del emprendedor mismo y las redes a las que tiene acceso la plataforma de crowdfunding y , así, mostrar su iniciativa de una manera adecuada al mayor público posible , enfocando sus esfuerzos de presentación y entrevistas a aquellos interesados que soliciten mayor información sobre el proyecto presentado. A la fecha existen plataformas de crowfunding de cuatro tipos : de donación, de premios, de préstamos y de equity o participación en acciones. En Latinoamérica existen plataformas para emprendimientos sociales o de micromecenazgo; de premios, con los que se viene financiando edición de libros o películas; y, a la fecha del presente artículo, sabemos de dos plataformas de equity o participación accionaria. El primero, en Chile y el segundo, en el Perú. Si bien hay otras iniciativas en México, Colombia y Uruguay, pensamos que esta modalidad de financiamiento colectivo habrá de multiplicarse en la región en los próximos años. Se trata, en síntesis, de la “Revolución del Colectivo”, de la reacción de la comunidad (crowd) ante las restricciones impuestas por el sistema, buscan y proponen soluciones a sus requerimientos de un modo organizado y profesional . Como dirían nuestros colegas americanos : “In Crowd We Trust”…