21/09/2026
El túnel que llevaba a tantas partes… y hoy nos lleva directo a la memoria
Hoy viajé por un túnel que muchos potosinos cruzaron sin imaginar que algún día lo extrañarían.
No era bonito.
No era turístico.
No era un lugar para quedarse.
Era simplemente un paso.
Un atajo.
Un camino cotidiano.
Pero durante años, este túnel conectó dos lados de la vida.
Por aquí pudo pasar tu abuelo rumbo al mercado.
Tu mamá llevando las bolsas de regreso a casa.
Tu hermano camino a la escuela.
Algún trabajador que iba al ferrocarril.
Una familia rumbo al Seguro.
Un estudiante que regresaba de la Normal.
Alguien que iba por unas piezas a los fierreros.
Alguien más que simplemente buscaba llegar al centro más rápido.
Y eso es lo que vuelve especial a ciertos lugares.
No porque hayan sido monumentos.
Sino porque formaron parte de nuestra rutina sin pedir permiso para quedarse en la memoria.
Imagino las mañanas.
El eco de los pasos.
Las bolsas chocando contra las piernas.
El ruido de una bicicleta entrando por un lado.
Alguien apurando el paso.
Un niño agarrado de la mano de su padre.
Una señora cargando el mandado.
Y al fondo, la luz.
Quizá por eso este túnel tiene algo profundamente humano.
Porque todos tenemos alguno así.
Un lugar que no parecía importante cuando lo usábamos…
hasta que dejó de existir.
Y entonces uno empieza a recordar detalles absurdamente pequeños.
Cómo olía.
Cómo sonaban los pasos.
Dónde comenzaba la oscuridad.
En qué parte apretábamos el paso.
Quién iba con nosotros.
Y ahí aparece el verdadero viaje.
Porque tal vez no extrañamos el túnel.
Extrañamos a las personas con las que lo cruzábamos.
Tal vez tu abuelo ya no está.
Tal vez aquella mamá que te llevaba de la mano ya descansa.
Tal vez el hermano con quien caminabas tomó otro rumbo hace muchos años.
Tal vez tú mismo ya eres una persona completamente distinta de aquella que entraba por un extremo y salía por el otro.
Pero por unos segundos…
la memoria puede devolvernos a todos.
El túnel vuelve.
La bicicleta vuelve.
Las bolsas vuelven.
Los mercados vuelven.
La prisa vuelve.
Y también vuelve esa versión de nosotros que todavía no sabía cuánto iba a cambiar la ciudad.
Hay testimonios que recuerdan este paso como conexión hacia los mercados Hidalgo y República; otros lo usaban para ir al hospital del Ferrocarril, al Seguro o para cortar camino desde la zona ferrocarrilera hacia la Normal.
Algunos incluso recuerdan haberlo cruzado de noche, cuando el trayecto se sentía muy diferente.
Y quizá eso también forma parte de su recuerdo.
De día era camino.
De noche podía sentirse como aventura.
Pero siempre era lo mismo:
un pedazo de ciudad que ayudaba a llegar a otra parte.
Hoy entiendo que hay lugares que no necesitan una placa para haber sido importantes.
A veces basta con haber acompañado miles de pasos.
Porque una ciudad no se construye solamente con edificios.
También se construye con los caminos que repetimos tantas veces…
que terminan formando parte de nosotros.
Hoy viajé por aquel túnel.
Y al salir entendí algo:
quizá algunos caminos desaparecen de la ciudad… pero nunca dejan de llevarnos a casa.
¿Tú llegaste a cruzarlo?
¿A dónde ibas cuando pasabas por ahí?
¿Quién caminaba contigo?