20/09/2026
La abuelita de México
Dato Interesante de Sara García:
¡Uy, no me vas a creer este chisme histórico del Cine de Oro! Resulta que la famosísima anécdota del regaño en el camerino tiene un trasfondo todavía más jugoso y con detalles que seguro no te sabías.
La cosa no fue nada más un berrinche o una inseguridad cualquiera: el verdadero pánico de Pedro Infante tenía nombre y apellido, y era Fernando Soler.
Imagínate el escenario: estamos en 1946 filmando Los tres García. Pedro Infante ya tenía su pegue y era un galán cotizado, pero actoralmente todavía se sentía muy verde. Fernando Soler, en cambio, era la institución de la actuación en México, una fiera escénica que devoraba a cualquiera en pantalla.
Pedro estaba aterrorizado de actuar junto a él porque sentía que Soler se lo iba a comer vivo y que él iba a quedar en ridículo frente a todo el equipo.
Así que Pedro, mu**to de miedo, se encerró en su camerino y de plano se negaba a salir a grabar la primera escena con Soler.
El director, Ismael Rodríguez, ya no sabía ni qué hacer para no perder tiempo ni dinero, hasta que se le prendió el foco y mandó a su mejor arma: la mismísima Doña Sara García, que aunque en ese entonces tenía unos 50 años, ya era la matriarca imponerá del cine.
Doña Sara caminó con paso firme, tocó la puerta del camerino y, al entrar, vio a Pedro hecho un mar de nervios. La conversación fue más o menos así:
—Doña Sara: ¿Usted es Pedro Infante, verdad?
—Pedro: (Cabizbajo, con voz quedita) Sí, Doña Sara...
—Doña Sara: Oiga, mijo... ¿A qué le tiene tanto miedo? ¿A poco cree que ese señor Fernando Soler se lo va a comer con todo y ropa?
—Pedro: Es que usted no entiende, Doña Sara... El señor Soler es un actorazo, un maestro de verdad. Yo no sé actuar, yo nomás canto. Me va a hacer pedazos en la cámara y voy a dar la vergüenza de mi vida.
—Doña Sara: (Sonriendo, pero con ese tono firme de abuela que no acepta excusas) Mire, pedazo de zonzo: usted tiene algo que ese señor ni con todos sus años de teatro va a poder comprar nunca. Usted tiene carisma, la gente lo adora y la cámara lo ama. Además, ¡para eso estoy yo aquí! Usted no va solo, mijo, sale conmigo. Así que me se seca las lágrimas, se me fajé bien los pantalones y sale para allá, porque allá afuera el único que vale la pena es usted.
¡Imagínate las palabras! Le tocó el orgullo pero con un cariño maternal tremendo.
Pedro quedó tan desarmado y conmovido que se levantó, le agarró las manos y salió al set a filmar. No solo dio una actuación impecable, sino que a partir de ese mismísimo instante nació una complicidad gigantesca entre los dos. Pedro quedó tan agradecido por cómo lo protegió y lo empujó que, desde ese día y hasta el final de sus días, le decía "abuelita" tanto en las películas como en la vida real. Le llevaba serenatas en sus cumpleaños, la visitaba en su casa y la consentía como si fuera su abuela verdadera.
¿Cómo ves? ¡El ídolo de México temblando de miedo y salvado por la abuela más famosa del país!