09/07/2026
EL DESTINO DECIDIÓ QUE ELLA PERTENECIERA A MI MUNDO AUNQUE EL IN****NO MISMO SE OPUSIERA
PARTE 1
—Ella es mi límite.
El hombre de traje oscuro pronunció las palabras con una frialdad absoluta. Su mirada estaba fija en la silueta que cruzaba la calle bajo la lluvia.
Aquella mujer caminaba sin mirar atrás. Su vestido blanco contrastaba fuertemente con la oscuridad de la noche húmeda.
Él apretó los puños con fuerza contenida. Una obsesión antigua y peligrosa ardía con fuerza en su pecho.
—Esta mujer será mía.
La declaración sonó como un decreto definitivo. Nadie en esa ciudad se atrevía a contrariar su voluntad.
El guardaespaldas tembló al escuchar la fría determinación de su jefe. El miedo se apoderó de todos los presentes en el auto.
El vehículo negro avanzó lentamente entre los charcos de agua. Las luces de la ciudad se reflejaban en los vidrios polarizados.
Ella aceleró el paso al sentir una extraña presencia detrás. Su corazón latía con un ritmo violento y desesperado.
De pronto, un coche sin luces bloqueó su camino bruscamente. Dos hombres bajaron rápidamente del interior del vehículo oscuro.
El pánico la paralizó por un instante definitivo. El suelo resbaladizo complicaba cualquier intento de una huida rápida.
Un grito ahogado escapó de sus labios temblorosos. Alguien la sujetó del brazo con una fuerza descomunal.
La lluvia caía ahora con una furia implacable sobre ellos. El forcejeo duró apenas unos pocos segundos de angustia.
El plan parecía perfecto pero un error fatal arruinó la captura. Ella logró soltarse y corrió hacia la avenida principal.
Los hombres regresaron al auto con las cabezas bajas. El fracaso se pagaba muy caro en esa organización criminal.
El vehículo aceleró a toda velocidad para regresar a la mansión. El silencio en el interior era pesado y asfixiante.
El líder esperaba en la enorme oficina iluminada por la luna. Sus ojos reflejaban una paciencia al borde de la locura.
Los subordinados entraron temblando a la lujosa habitación. El suelo de mármol multiplicaba el eco de sus pasos temerosos.
—Lo siento señor Lu.
El jefe del operativo agachó la cabeza con profunda sumisión. El sudor frío corría por su frente pálida.
—Fue culpa nuestra.
La confesión rompió el tenso silencio del gran salón. Todos esperaban un castigo despiadado por haber fallado la misión.
El señor Lu caminó lentamente hacia la gran ventana de cristal. Observó las luces de la ciudad que tanto dominaba.
Una sonrisa enigmática y calculadora dibujó su rostro frío. Su mente ya estaba planeando el siguiente movimiento maestro.
—No te disculpes.
La respuesta sorprendió a los hombres que esperaban la muerte. El tono del jefe no mostraba ira sino una extraña diversión.
Ella creía haber escapado del peligro definitivo esa noche. Sin embargo, solo había entrado en una red mucho más compleja.
El señor Lu guardaba un secreto que nadie más conocía en el mundo. El juego apenas comenzaba para ellos dos.
Cada paso de la joven estaba perfectamente calculado desde el inicio. El destino la traería de vuelta a sus brazos poderosos.
Ella llegó a su pequeño apartamento temblando de frío y miedo. Cerró la puerta con tres cerrojos buscando una falsa seguridad.
La luz de su teléfono iluminó de pronto la oscura habitación. Un mensaje de un número desconocido apareció en la pantalla limpia.
El texto contenía una sola frase que heló su sangre por completo. Sabía que su pasado la había encontrado finalmente.
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